
No, los 35 no me golpearon de tal forma que me han impedido escribir, esta pausa en la escritura se debe a
spring break con los niños en Puerto Rico y días posteriores para la recuperación.
La pasada semana
Vestir de Blanco tocó el tema de los regalos.
En nuestro caso no hicimos lista de regalos porque además de que Todd y yo teníamos dos apartamentos funcionales de los que sobrarían cosas cuando nos uniéramos, me daba pena ir a Macy’s o Bed, Bath and Beyond y comenzar a anotar cosas que tal vez no necesitaría sólo para que mis invitados tuvieran de dónde escoger. Igual, me daba penita que mis gustos (porque nunca es el novio) se vieran juzgados si optaba por una vajilla carísima o una muy simplona.
Según entiendo, los regalos en las bodas se acostumbran por el interés de los invitados a ‘ayudar’ a la pareja a comenzar su vida junta. Antes eran
set de ollas o toallas para formar el hogar, pero con el paso del tiempo se ha aceptado los regalos en efectivo y hasta
gift cards. Prefería que quien nos quisiera regalar lo hiciera de acuerdo a su capacidad y no que se viera obligado a comprar el obsequio no tan barato ni tan caro de nuestro listado.
Lo que me resultó curioso fue que algunas personas mencionaron el ‘recuperar’ el dinero invertido en la fiesta a través de los regalos o hasta pagar la boda.
Not our style, como he mencionado ad nauseum quisimos pagar
out of our pockets con ciertas ayuditas de forma que lo obsequiado fuera eso: un obsequio para nuestro disfrute y no dinero que ya estaba comprometido. Me resultaba irresponsable hacer una fiesta contando con un dinero que tal vez recibiría, pero tal vez no.
Más curioso todavía me pareció cuando la dama putativa, experta en todo lo Ibérico, me dijo después de la boda que en España se acostumbraba a obsequiar el precio del plato y un poquito más para ayudar con los gastos y Vestir de Blanco abundó en ese tema en su
post. Tal costumbre me hubiera arruinado los nervios por el estilo de fiesta que hicimos. Especialmente cuando ni siquiera teníamos un ‘plato’ definido. Si lo pienso mucho, tendría que controlar los deseos de sacar la chequera para enviar
refunds a algunos ultra generosos amigos.
Y por supuesto, comienzan mis preguntas cómo un invitado puede determinar el precio por plato. Hasta el hotel más
in ofrece desde el cubierto más barato – usualmente pollo – al más costoso, sea filete, langosta
and the works. Cuando asisto a una boda usualmente llego con mi tarjeta y regalo en metálico listos - aún si hay lista de regalos opto por obsequiar dinero - ¿cómo saber si estoy dando mucho o muy por debajo? ¿Acaso me llevo un cheque y dejo el valor en blanco para llenarlo en la fiesta? Tipo
rating.
Cuando me ha tocado obsequiar, he dado lo que podía. En ocasiones mi presencia fue el único regalo cuando viajé a una que otra boda porque sinceramente no podía hacer un desembolso adicional. Algunos de mis invitados pudieron estar en una situación similar y, mientras que sabía que recibiría regalos, no quise imaginarme un número. (El monto final de los regalos me dejó tendida en el piso).
Mientras que este blog ha detallado los gastos y las maromas respecto al dinero, y aunque era un asunto importante, no era lo primordial. Todd y yo ofrecimos una fiesta para celebrar nuestro compromiso de acuerdo a lo que podíamos costear y quedamos satisfechos con el resultado. Nunca sentimos que teníamos algo que probar ante nuestros amigos y familiares, pero la tentación de hacer y gastar más, siempre está latente. Hasta las más prácticas (yo) no somos inmunes a considerar el qué dirán y entretener la idea de gastarse un poquito más en cualquier chulería.
No pretendo juzgar a quienes ofrecen un banquete contando con el dinero a recolectar de sus invitados, seguramente ha funcionado, pero no es como defino una estrategia financiera efectiva. Es muy fácil ver la boda como un sueño, pero hay que tener en cuenta la realidad. Creo que el saber que la boda estaba paga me permitió disfrutar mucho más - y si han visto las fotos del
party no debe haber duda que gocé con ansias locas. Por supuesto, este fue mi caso, cada cual con su loquera.
La mirada puesta en el dinero no es la actitud de ofrecer o asistir a una fiesta, en mi opinión. No quiero pensar que alguno de mis invitados se vio tentado a tomar/ comer/ bailar en exceso para
make his/ her money's worth, pero si alguien se sintió así, una vez más afirmo que la pobreza de espíritu es la peor clase de estrechez.
Creo que escribí demasiado...