
Como si me faltaran razones para preocuparme, la reciente debacle financiera que afecta a los Estados Unidos ha aportado a mi estrés bodorral. I’m easy to guilt y mientras me consumo pensando en nuestra boda no puedo evitar recordar a la gente perdiendo sus hogares, quienes tendrán que continuar trabajando porque el dinero para su retiro desapareció y los miles que serán despedidos si esto no se resuelve. De repente la boda parece una frivolidad.
Entiendo que no me puedo echar los problemas del mundo encima, pero como que es mi costumbre. A pesar de mis laid offs y la inconsistencia de mis ingresos he logrado ahorrar un dinerito para el futuro. Cuando el HTB y yo decidimos cómo pagar por este rollo una parte del dinero salió de mis fondos mutuos (el acuerdo es que el HTB entonces me permitiría reponer ese dinero mientras él asume los gastos del hogar, donde comen tres comen cuatro, ¿no?).
Nunca estoy pendiente a las mejores inversiones ni a la condición de Wall Street, ni siquiera abro los estados de cuenta que llegan por correo. Pero la semana pasada tuve que apagar las noticias y dejar de ver tanto reporte pesimista. Ya estamos metidos en esto, si este desastre económico hubiera ocurrido temprano en la planificación de seguro que me hubiera aterrado y no hacíamos nada (y me arrepentiría toda la vida). Pero a lo hecho pecho. En parte me consuela haber retirado parte de mi dinerito para esta fiesta, sabrá Dios si he perdido la misma cantidad, pero al menos esta porción será puesta en buen uso: nuestra boda.
Si antes no leía los estados, ahora menos, no averiguaré mis pérdidas, hasta el 17 de noviembre. Bueno, después del honeymoon o mejor hasta después de la época navideña.
Entiendo que no me puedo echar los problemas del mundo encima, pero como que es mi costumbre. A pesar de mis laid offs y la inconsistencia de mis ingresos he logrado ahorrar un dinerito para el futuro. Cuando el HTB y yo decidimos cómo pagar por este rollo una parte del dinero salió de mis fondos mutuos (el acuerdo es que el HTB entonces me permitiría reponer ese dinero mientras él asume los gastos del hogar, donde comen tres comen cuatro, ¿no?).
Nunca estoy pendiente a las mejores inversiones ni a la condición de Wall Street, ni siquiera abro los estados de cuenta que llegan por correo. Pero la semana pasada tuve que apagar las noticias y dejar de ver tanto reporte pesimista. Ya estamos metidos en esto, si este desastre económico hubiera ocurrido temprano en la planificación de seguro que me hubiera aterrado y no hacíamos nada (y me arrepentiría toda la vida). Pero a lo hecho pecho. En parte me consuela haber retirado parte de mi dinerito para esta fiesta, sabrá Dios si he perdido la misma cantidad, pero al menos esta porción será puesta en buen uso: nuestra boda.
Si antes no leía los estados, ahora menos, no averiguaré mis pérdidas, hasta el 17 de noviembre. Bueno, después del honeymoon o mejor hasta después de la época navideña.
Foto: Los toros de Wall Street y la tremenda cornada que recibimos...
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