
En varios blogs – especialmente I Hate Planning My Wedding – se exponen las espantosas, manipuladoras y exigentes dinámicas familiares que las bodas provocan. Supongo que quien es una madre controladora se vuelve peor durante momentos como estos. Decir familia es muy exagerado, ya que mis padres fueron muy comprensibles y me ayudaron en todo. Mi hermano es otra historia y como él es parte de mi familia el cliché me cae.
Ned no es mala gente, al contrario, la gente lo adora. El y yo no tenemos issues o problemas, nuestra relación es cordial, pero no apegada, somos como el agua y el aceite we just don’t mix. Además de comer, no creo que Ned tenga mayor placer que fastidiarme. Y yo no soy presa de nadie tan fácil como de él. En fin, él tiene la habilidad de hacer cosas que se me meten entre cuero y carne y me sulfuran.
Había reservado un apartamento de dos cuartos y dos baños para que mi familia se hospedara. Al momento no me había contado y no me había dado cuenta que seríamos seis en lugar de cinco contando a mi tía y a la novia de Ned. Bueno, tendríamos que acomodarnos.
El apartamento era frente al mar y súper céntrico. Lo elegí para que mi papá pudiera ir a la playa y mi hermano y novia tuvieran acceso a las guaguas públicas y hacer cosas por su cuenta. No vi el apartamento, pero sí revisé el área.
Cuando llegué al lugar me di cuenta que las camas eran de dos plazas, bueno, tendríamos que acomodarnos, había un sofá espacioso y camas inflables. Ah, y el aire acondicionado no funcionaba. Cuando llamé a reclamar al dueño que vive fuera de la ciudad, trató de venderme que el problema era del edificio, pero Todd sabía que no era así y se lo hizo saber. “Hay mucha ventilación, pueden dormir con las ventanas abiertas”. Lo que el francesito no sabía era que ese 13 de noviembre se hizo un record de calor en Miami (como preámbulo al frente frío que vendría en el fin de semana).
Mientras que nada de esto era mi culpa, Ned no tuvo misericordia y se pasó fastidiando. En esos días había comprobado que el cliché # 4 funciona (la boda como excusa) y extraños me trataban con guantes de seda cuando sabían que me casaba, pero mi hermano se quejaba porque tenía calor y estaba incómodo como si él fuera el único. De más está decir que su constante quejadera no contribuyó a mejorar mis nervios y ansiedad, yo, tan fácil para la culpa que soy.
El aire se arregló el día siguiente. Mientras que el calor no afectaría el sueño de mi querido hermano, nadie contaba que mi querido hermano afectara el sueño del resto. Sus ronquidos se adueñaban de todo el apartamento. Eran como un tren, un tsunami, era espantoso. Por supuesto, él contribuyó directamente al cliché #5: la novia no duerme nada.
Ned no es mala gente, al contrario, la gente lo adora. El y yo no tenemos issues o problemas, nuestra relación es cordial, pero no apegada, somos como el agua y el aceite we just don’t mix. Además de comer, no creo que Ned tenga mayor placer que fastidiarme. Y yo no soy presa de nadie tan fácil como de él. En fin, él tiene la habilidad de hacer cosas que se me meten entre cuero y carne y me sulfuran.
Había reservado un apartamento de dos cuartos y dos baños para que mi familia se hospedara. Al momento no me había contado y no me había dado cuenta que seríamos seis en lugar de cinco contando a mi tía y a la novia de Ned. Bueno, tendríamos que acomodarnos.
El apartamento era frente al mar y súper céntrico. Lo elegí para que mi papá pudiera ir a la playa y mi hermano y novia tuvieran acceso a las guaguas públicas y hacer cosas por su cuenta. No vi el apartamento, pero sí revisé el área.
Cuando llegué al lugar me di cuenta que las camas eran de dos plazas, bueno, tendríamos que acomodarnos, había un sofá espacioso y camas inflables. Ah, y el aire acondicionado no funcionaba. Cuando llamé a reclamar al dueño que vive fuera de la ciudad, trató de venderme que el problema era del edificio, pero Todd sabía que no era así y se lo hizo saber. “Hay mucha ventilación, pueden dormir con las ventanas abiertas”. Lo que el francesito no sabía era que ese 13 de noviembre se hizo un record de calor en Miami (como preámbulo al frente frío que vendría en el fin de semana).
Mientras que nada de esto era mi culpa, Ned no tuvo misericordia y se pasó fastidiando. En esos días había comprobado que el cliché # 4 funciona (la boda como excusa) y extraños me trataban con guantes de seda cuando sabían que me casaba, pero mi hermano se quejaba porque tenía calor y estaba incómodo como si él fuera el único. De más está decir que su constante quejadera no contribuyó a mejorar mis nervios y ansiedad, yo, tan fácil para la culpa que soy.
El aire se arregló el día siguiente. Mientras que el calor no afectaría el sueño de mi querido hermano, nadie contaba que mi querido hermano afectara el sueño del resto. Sus ronquidos se adueñaban de todo el apartamento. Eran como un tren, un tsunami, era espantoso. Por supuesto, él contribuyó directamente al cliché #5: la novia no duerme nada.
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