Pensé encargárselas al chef, él dijo que de yo proveer los jarrones, las flores y una idea del diseño, su equipo podría hacerlas*. Me sospeché mucho corre y corre para que las flores estén frescas, llevarlas a la hora indicada y, lo más difícil, decidir qué era lo que quería.
Al salir de una cita del dentista me detuve en una floristería de esas tipo hole in the wall. Con la mitad de la cara anestesiada – temía que me fuera a babear en el mostrador – indagué precios y posibilidades. Miré los álbumes de muestras y había bellezas en lugares bien humildes como Vizcaya Gardens. Dije que era una fiesta de aniversario y qué tales flores blancas en pleno noviembre.
Mesitas de coctel. Las bolsas de saco son los favors que mi mamá mandó a hacer, dándome así un golpe de estado cuando dije que estarían sujetos al presupuesto.
Se me informó que flores blancas en noviembre serían algo más difíciles y caras de conseguir por estar en pleno otoño. De plano pregunté cuál era la opción más barata y resulta que era la flexibilidad. La floristería recibe cargamentos desde Colombia todas las semanas. La opción más económica sería esperar a la entrega de esa semana y de ahí partir, si tenían que ordenar flores específicas para mí elevaría el costo.
En Abbot Florist me trataron como si hubiera dicho “el presupuesto no importa”. Terminé diciéndole que era mi boda (temía el mark up que suele darse cuando se menciona el B-word), la cantidad de mesas y mis vagas ideas en cuanto a este embeleco.
Con pena le pregunté si podía hacerme algo con $400. Romina me aseguró que sí.
Como no quería nada matchy matchy me dediqué a comprar floreros y jarrones en Goodwill y dos que conseguí en IKEA. No creo que en cinco bases para las mesas más grandes (que terminaron siendo cuatro), cinco bases pequeñas para las mesas de coctel, dos bases para las mesas de comida y un arreglo floral de bienvenida haya gastado $25, el más caro me salió en $3.50 y lo mucho que me divertí buscando las gangas.

La mesa de bienvenida y la mayoría de las flores*. El jarrón al extremo derecho era enorme.
El proveer las bases fue clave para mantener el costo bajo. La semana anterior a la boda me detuve por la floristería a preguntar si en esos mismos $400 podíamos incluir mi ramo ya que mi suegra se había quitado de hacerlo. Me inquieté cuando vi tanta flor color burgundy y burnt orange, pero ya había tomado una decisión y no podía dar hacia atrás, y la verdad, ni me importaba.

Estas flores no iban ahí, pero whatever.
El miércoles antes de la boda fui con mami y me tranquilicé al ver colores más vivos de flores. Lo más difícil fue tratar de explicar lo que quería y mami no ayudó. Por mí, todos los arreglos hubieran sido distintos, pero Romina tenía una mejor idea de lo que tenía que suceder. Creo que ella estaba a la vez encantada y annoyed con una novia tan flexible, yo era una anomalía. Nos despedimos contentas y no pensé más en las flores hasta el sábado que fuimos a recogerlas.
¡Guau! Quedé fascinada. Dudo que alguien se recuerde de las flores que adornaron mi boda, yo no recuerdo las flores de nadie, pero a mí me encantaron y yo las recordaré. Mi ramo fue exquisito, Romina reservó lirios cala minis para mí. Cada cual es diferente y hay quien sueña con sus flores y su decoración, pero en mi caso creo que al mantener mi mente abierta las posibilidades eran infinitas.
Por cierto, hoy es mi primer mes de casada.

1 comments:
Felicidades!!!! Como corre el tiempo verdad.
AJAJAJAJJA y ahora la pregunta que va seguir y seguir. Cuando viene los babys.
Dios los bendiga.
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