Wednesday, December 24, 2008

Mi mejor regalo de navidad



“Tú no te puedes ir de Houston sin unas botas vaqueras”, fueron las fatídicas palabras que un buen amigo - ¿o enemigo? – de Todd dijo cuando su visita navideña a Texas concluía allá para 2005. Muy orgulloso y agradecido por el regalo de su amigo, Todd decidió lucir su nueva adquisición para la fiesta de Nochebuena en la que nuestros caminos se cruzaron por vez primera.

Toda nuestra historia estaría adelantada tres meses si hubiera optado por otro calzado. Es mi relajo, estoy consciente que hicimos clic cuando teníamos que hacerlo y ni unos Marc Jacobs loafers hubieran cambiado nuestro destino.

Procedente del Caribe y viviendo en Miami la moda Southwestern no me encaja. En la fiesta vi a ese muchacho alto, con clarísima cara de gringo (por los que siempre sentí debilidad), pero mi curiosidad se esfumó cuando vi esas benditas botas rojas. Él insiste que no son rojas y, claro, no son fire engine red, pero del cuero rojizo.


Todd es bien amigo del esposo de mi amiga. Nadie había considerado siquiera presentarnos, pero el Todd expresó interés en la boricua bajita y lo único que dije fue “¿el de las botas?”.

Me gustaba gustar por lo que le hablé un rato, pero además de las horrendas botas me pareció insufriblemente tímido. Por la diferencia en nuestras estaturas la mayoría de la conversación transcurrió yo volteando mi oreja hacia él diciendo “¿quéeee?”.


Él preguntó por mí, pero yo no sentí interés. Transcurrieron tres meses para el cumpleaños del esposo de mi amiga y allí nos encontramos nuevamente. Con el coqueteo como deporte le dejé saber a su amigo que mejor que me invitara a almorzar porque la fiesta estaba entretenida y yo no quería pasarla tratando de descifrar lo que él me decía.

Fuimos a almorzar y estaba nerviosísimo, lo que alimentó mi ego. Me pareció muy buena persona, muy inteligente, pero la chispa was nowhere to be found. Mi cumpleaños 32 se acercaba y haría una fiesta, lo invité pensando que no podría ir porque estoy convencida de que me dijo que iría de camping.

Pero el sábado 1ro de abril de 2006 atravesó el umbral de mi puerta y desde esa noche mi vida es otra. Todd no conocía a nadie, se presentó, a todos agradó y compartió. Mi amigo gay le dio el OK y una amiga advirtió que si yo no lo quería, ella lo recogía. Parece que era lo que necesitaba escuchar. El no ingirió ninguna bebida y mientras más bebía yo, más se tranquilizaba él.

A la mañana siguiente tendría que enfilar hacia Nueva York a las 5:30AM. La gente comenzó a irse a las 2AM y Todd se quedó allí. Con su hablar pausado y ojos sinceros me preguntó si me incomodaba que él se quedara conmigo, que podría arriesgar perder el vuelo si me acostaba a dormir, que él me llevaría al aeropuerto. Me ayudó a recoger toda la casa, se encargó de la basura y comenzamos una conversación que hasta el día de hoy no ha acabado. Me mostró su carisma, su buen humor y los valores que compartimos y no hubo chispa, sino fuegos artificiales.

Me llevó al aeropuerto, se bajó de su auto y me cargó los paquetes. Esperó que pasara la línea de seguridad y no se movió hasta que desaparecí en la terminal. Todo el viaje y estadía pensaba ‘is this for real?’.


Era y es real.

A pesar de sus problemas del pasado, Todd estaba dispuesto a entregarse por completo sin remilgos, sin juegos ni excusas. Nunca había conocido a un hombre con la vida tan complicada y nunca ninguno había hecho tanto esfuerzo.

¿Quién diría que mi mejor amigo, el objeto de mi pasión, mi cómplice y compañero vendría en un paquete con hijos y botas rojas incluidos?

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