Tuesday, December 30, 2008

La nena linda de la casa

Cuando la pregunta de nuestro inexistente registro de regalos surgía, me daba una vergüenza tremenda explicar que preferíamos gift cards o efectivo. Pensé que al establecer que no teníamos una lista de regalos sería fácil asumir que regalos en metálico eran lo adecuado.

Vergüenza y todo, quería obsequios. Algunos blogs y allegados llegaron a mencionar que con cualquier dinerito acumulado se podría offset el costo de la boda. No quise pensar así, la boda y la fiesta era nuestro regalo para nosotros mismos y nuestros seres queridos por acompañarnos a celebrar. Además de nuestros ahorros, logramos pagarla con la ayuda de mis padres y la ayudita de los padres de Todd.

Hubo quien nos regaló artículos – como un marco digital que estoy deseosa por cargar con nuestras fotos y algunos aparatos de cocina bastante prácticos – y han sido muy bien recibidos. Mami y mi tía tuvieron la tarea de recolectar los sobres de regalo, esos que además de buenos deseos contienen un chequecito o unos billetitos. Por supuesto que me entusiasmaba la idea de recibir obsequios, pero cuando comencé a abrir los sobres y ver el derroche de generosidad de nuestra familia y amigos, esta morena se puso roja.

Oh. My. God. Jamás esperé tanta esplendidez. Durante la fiesta comprobé que somos unos queridos, pero... wow. Comencé a leer las tarjetas y a contar, contar y contar. Cuando me di cuenta de la magnitud de los regalos me aturdí. También recibimos una buena cantidad de gift cards de establecimientos y hasta de un restaurante finísimo en la ciudad.

Todd quedó igualmente impresionado. Con los días y semanas otros regalos continuaron llegando. Estábamos avergonzados... tan avergonzada estaba que esperé dos días para depositar los cheques. ¡Ja!

Mi teoría es que además del gran cariño que nuestros amigos nos tengan, el hecho que estamos en nuestros 30s, que la mayoría está establecido aporta al monto de los obsequios. Estoy segura que otra sería la historia si en lugar de 34 tuviéramos 24. (Entre nos, la gran parte de la generosidad vino de mi lado, tal vez porque jamás pensaron que este día llegaría).

Compramos nuestro plasma TV, pagamos un extra de la boda, nos llevamos dinero para el joni mun y tenemos una reserva para cualquier cosa que surja. Mis padres nos dieron un súper generoso gift card de Bed, Bath and Beyond donde compramos a quien le he cedido el lugar de la nena linda de la casa: mi cafetera Breville que le ha añadido sol a mis días.

Los regalos han sido más que bien recibidos, pero cuando pienso en nuestra boda ocupan el último lugar. Al final, es sólo material. La gran ganancia de nuestra boda fue el compartir y la presencia de nuestros seres queridos, quienes fueron los responsables de realizar la “visión” de nuestra celebración.

FELIZ 2009!

Wednesday, December 24, 2008

Mi mejor regalo de navidad



“Tú no te puedes ir de Houston sin unas botas vaqueras”, fueron las fatídicas palabras que un buen amigo - ¿o enemigo? – de Todd dijo cuando su visita navideña a Texas concluía allá para 2005. Muy orgulloso y agradecido por el regalo de su amigo, Todd decidió lucir su nueva adquisición para la fiesta de Nochebuena en la que nuestros caminos se cruzaron por vez primera.

Toda nuestra historia estaría adelantada tres meses si hubiera optado por otro calzado. Es mi relajo, estoy consciente que hicimos clic cuando teníamos que hacerlo y ni unos Marc Jacobs loafers hubieran cambiado nuestro destino.

Procedente del Caribe y viviendo en Miami la moda Southwestern no me encaja. En la fiesta vi a ese muchacho alto, con clarísima cara de gringo (por los que siempre sentí debilidad), pero mi curiosidad se esfumó cuando vi esas benditas botas rojas. Él insiste que no son rojas y, claro, no son fire engine red, pero del cuero rojizo.


Todd es bien amigo del esposo de mi amiga. Nadie había considerado siquiera presentarnos, pero el Todd expresó interés en la boricua bajita y lo único que dije fue “¿el de las botas?”.

Me gustaba gustar por lo que le hablé un rato, pero además de las horrendas botas me pareció insufriblemente tímido. Por la diferencia en nuestras estaturas la mayoría de la conversación transcurrió yo volteando mi oreja hacia él diciendo “¿quéeee?”.


Él preguntó por mí, pero yo no sentí interés. Transcurrieron tres meses para el cumpleaños del esposo de mi amiga y allí nos encontramos nuevamente. Con el coqueteo como deporte le dejé saber a su amigo que mejor que me invitara a almorzar porque la fiesta estaba entretenida y yo no quería pasarla tratando de descifrar lo que él me decía.

Fuimos a almorzar y estaba nerviosísimo, lo que alimentó mi ego. Me pareció muy buena persona, muy inteligente, pero la chispa was nowhere to be found. Mi cumpleaños 32 se acercaba y haría una fiesta, lo invité pensando que no podría ir porque estoy convencida de que me dijo que iría de camping.

Pero el sábado 1ro de abril de 2006 atravesó el umbral de mi puerta y desde esa noche mi vida es otra. Todd no conocía a nadie, se presentó, a todos agradó y compartió. Mi amigo gay le dio el OK y una amiga advirtió que si yo no lo quería, ella lo recogía. Parece que era lo que necesitaba escuchar. El no ingirió ninguna bebida y mientras más bebía yo, más se tranquilizaba él.

A la mañana siguiente tendría que enfilar hacia Nueva York a las 5:30AM. La gente comenzó a irse a las 2AM y Todd se quedó allí. Con su hablar pausado y ojos sinceros me preguntó si me incomodaba que él se quedara conmigo, que podría arriesgar perder el vuelo si me acostaba a dormir, que él me llevaría al aeropuerto. Me ayudó a recoger toda la casa, se encargó de la basura y comenzamos una conversación que hasta el día de hoy no ha acabado. Me mostró su carisma, su buen humor y los valores que compartimos y no hubo chispa, sino fuegos artificiales.

Me llevó al aeropuerto, se bajó de su auto y me cargó los paquetes. Esperó que pasara la línea de seguridad y no se movió hasta que desaparecí en la terminal. Todo el viaje y estadía pensaba ‘is this for real?’.


Era y es real.

A pesar de sus problemas del pasado, Todd estaba dispuesto a entregarse por completo sin remilgos, sin juegos ni excusas. Nunca había conocido a un hombre con la vida tan complicada y nunca ninguno había hecho tanto esfuerzo.

¿Quién diría que mi mejor amigo, el objeto de mi pasión, mi cómplice y compañero vendría en un paquete con hijos y botas rojas incluidos?

Monday, December 22, 2008

Cliché # 4: La boda es la mejor excusa


Mientras que el asunto de la boda lo discutía más bien por aquí y con gente allegada, jamás pensé que era la mejor excusa para salir de cualquier aprieto, para obtener mejor servicio o sonrisas y miradas tiernas de extraños. Haberlo sabido antes, hubiera explotado el asuntillo de la boda.

Hubo clientes que me preguntaban si con la boda podría trabajar, si aceptaba una traducción o si podía escribir una pieza. Esto a tres o cuatro semanas de la fecha. Supongo que la mayoría de las novias trabajan y tienen responsabilidades, me pregunto cómo las tratan sus jefes.

Dos semanas antes de la boda asistí a una reunión y cuando casualmente mencioné que me casaba pronto, los dos hombres y la chica con quienes hablaba se quedaron atónitos, ¿cómo era posible que con tan poco tiempo estuviera allí? ¿Se suponía que tuviera mis uñas comidas, bald spots en mi cabeza y ojeras por no dormir? Weird.

Oh well. No acostumbro responder a llamadas de números desconocidos, pero en la semana de la boda con chef, floristería y amigos en la ciudad contesté todas mis llamadas. Cuando una publicista me ofrecía por enésima vez el mismo producto al que le he dicho que no mi respuesta era: “bueno, es que, como me caso este domingo...”. Palabras mágicas. Al instante hasta me pedían disculpas por “molestarme”. Weird.

En el banco o cualquier oficina para un asunto oficial era lo mismo, hasta lo hacía adrede, buscaba la oportunidad para mencionarlo y las reacciones eran las mismas. Tal parece que todos aman a una novia.

Friday, December 19, 2008

Cosas del budget


No sé si aun alguien lee este blog fuera de mi mamá. En su momento llegaré al asunto del budget y como nos pasamos, sip, nos pasamos de la suma acordada, pero honestamente podemos decir que valió la pena cada centavo extra.
Mientras escribía mi diatriba sobre las flores me di cuenta que mientras que nuestro presupuesto era pequeño en comparación a las bodas contemporáneas (o grande para aquellas reinas de DIY), toda la gente que nos prestó un servicio nos trató como un millón de dólares.

No soy arrogante ni muy exigente, a la gente que nos estaba prestando un servicio las traté con mucho respeto. En ocasiones – como con las flores – sentía que me estaban haciendo un favor. Pero tanto el chef (aunque ahora mismo no lo adore por un problemilla que hubo), la florista, el fotógrafo, el DJ, la coordinadora del venue nos trataron como si nuestra boda fuera de $50K. Por supuesto, es su trabajo. Muy al inicio de este proceso recibí un email de una compañía de catering que no disimuló su desencanto cuando dije que nuestro presupuesto para un venue era de $1,400 con algo como “nosotros solemos trabajar en otro tipo de local, mucha suerte”.


Por supuesto, respondí como una fiera. Al mes, me volvieron a contactar a ver si ya tenía catering. ¿Mala economía? Nosotros sabíamos nuestras ‘limitaciones’ presupuestarias y no las hicimos un secreto. Cada persona que contactamos comenzaba diciéndoles “we have a budget wedding”. A excepción de esa compañía, todos nos trataron muy bien. Para mí era importante también poder comunicarme claramente y no tener que lidiar con que me quisieran vender más cosas o tratar de cambiar la “visión” de nuestra fiesta.

Si alguien que está leyendo esto todavía está en el proceso de planificar una boda o fiesta, opten por la gente que los trate bien, dispuestos a escuchar sus ideas y que no demuestre remilgo si las temidas palabras “presupuesto” y “limitado” son mencionadas. Personas que también muestren flexibilidad para acomodar sus necesidades.

Por cierto, nuestro local nos salió en $750, frente a la bahía, mesas y sillas (a pesar que eran fugly) incluidas. Parece que sí tuvimos suerte.

Tuesday, December 16, 2008

Flexible como gimnasta rusa

Ramo y boutonniere incluidos.

Creo que nada relacionado a esta boda me hizo sentir más offbeat bride que el asunto de las flores. Me encanta tener flores frescas en la casa, pero cuando pensaba en la boda las flores eran mi menor preocupación. Incluso, cuando hacía un repaso mental de mi to-do-list muchas veces las olvidaba, ooops!

Pensé encargárselas al chef, él dijo que de yo proveer los jarrones, las flores y una idea del diseño, su equipo podría hacerlas*. Me sospeché mucho corre y corre para que las flores estén frescas, llevarlas a la hora indicada y, lo más difícil, decidir qué era lo que quería.

Al salir de una cita del dentista me detuve en una floristería de esas tipo hole in the wall. Con la mitad de la cara anestesiada – temía que me fuera a babear en el mostrador – indagué precios y posibilidades. Miré los álbumes de muestras y había bellezas en lugares bien humildes como Vizcaya Gardens. Dije que era una fiesta de aniversario y qué tales flores blancas en pleno noviembre.

Mesitas de coctel. Las bolsas de saco son los favors que mi mamá mandó a hacer, dándome así un golpe de estado cuando dije que estarían sujetos al presupuesto.


Se me informó que flores blancas en noviembre serían algo más difíciles y caras de conseguir por estar en pleno otoño. De plano pregunté cuál era la opción más barata y resulta que era la flexibilidad. La floristería recibe cargamentos desde Colombia todas las semanas. La opción más económica sería esperar a la entrega de esa semana y de ahí partir, si tenían que ordenar flores específicas para mí elevaría el costo.

En Abbot Florist me trataron como si hubiera dicho “el presupuesto no importa”. Terminé diciéndole que era mi boda (temía el mark up que suele darse cuando se menciona el B-word), la cantidad de mesas y mis vagas ideas en cuanto a este embeleco.

Con pena le pregunté si podía hacerme algo con $400. Romina me aseguró que sí.

Como no quería nada matchy matchy me dediqué a comprar floreros y jarrones en Goodwill y dos que conseguí en IKEA. No creo que en cinco bases para las mesas más grandes (que terminaron siendo cuatro), cinco bases pequeñas para las mesas de coctel, dos bases para las mesas de comida y un arreglo floral de bienvenida haya gastado $25, el más caro me salió en $3.50 y lo mucho que me divertí buscando las gangas.


La mesa de bienvenida y la mayoría de las flores*. El jarrón al extremo derecho era enorme.


El proveer las bases fue clave para mantener el costo bajo. La semana anterior a la boda me detuve por la floristería a preguntar si en esos mismos $400 podíamos incluir mi ramo ya que mi suegra se había quitado de hacerlo. Me inquieté cuando vi tanta flor color burgundy y burnt orange, pero ya había tomado una decisión y no podía dar hacia atrás, y la verdad, ni me importaba.



Estas flores no iban ahí, pero whatever.


El miércoles antes de la boda fui con mami y me tranquilicé al ver colores más vivos de flores. Lo más difícil fue tratar de explicar lo que quería y mami no ayudó. Por mí, todos los arreglos hubieran sido distintos, pero Romina tenía una mejor idea de lo que tenía que suceder. Creo que ella estaba a la vez encantada y annoyed con una novia tan flexible, yo era una anomalía. Nos despedimos contentas y no pensé más en las flores hasta el sábado que fuimos a recogerlas.

¡Guau! Quedé fascinada. Dudo que alguien se recuerde de las flores que adornaron mi boda, yo no recuerdo las flores de nadie, pero a mí me encantaron y yo las recordaré. Mi ramo fue exquisito, Romina reservó lirios cala minis para mí. Cada cual es diferente y hay quien sueña con sus flores y su decoración, pero en mi caso creo que al mantener mi mente abierta las posibilidades eran infinitas.

* Lo mejor que hice fue no confiar en el chef. Dejé un guideline detallado de qué iba dónde y no fueron capaces de hacerlo, pero eso es arena de otro post.

Por cierto, hoy es mi primer mes de casada.

Thursday, December 11, 2008

Cliché #3: La familia vuelve loca a la novia


En varios blogs – especialmente I Hate Planning My Wedding – se exponen las espantosas, manipuladoras y exigentes dinámicas familiares que las bodas provocan. Supongo que quien es una madre controladora se vuelve peor durante momentos como estos. Decir familia es muy exagerado, ya que mis padres fueron muy comprensibles y me ayudaron en todo. Mi hermano es otra historia y como él es parte de mi familia el cliché me cae.

Ned no es mala gente, al contrario, la gente lo adora. El y yo no tenemos issues o problemas, nuestra relación es cordial, pero no apegada, somos como el agua y el aceite we just don’t mix. Además de comer, no creo que Ned tenga mayor placer que fastidiarme. Y yo no soy presa de nadie tan fácil como de él. En fin, él tiene la habilidad de hacer cosas que se me meten entre cuero y carne y me sulfuran.

Había reservado un apartamento de dos cuartos y dos baños para que mi familia se hospedara. Al momento no me había contado y no me había dado cuenta que seríamos seis en lugar de cinco contando a mi tía y a la novia de Ned. Bueno, tendríamos que acomodarnos.

El apartamento era frente al mar y súper céntrico. Lo elegí para que mi papá pudiera ir a la playa y mi hermano y novia tuvieran acceso a las guaguas públicas y hacer cosas por su cuenta. No vi el apartamento, pero sí revisé el área.

Cuando llegué al lugar me di cuenta que las camas eran de dos plazas, bueno, tendríamos que acomodarnos, había un sofá espacioso y camas inflables. Ah, y el aire acondicionado no funcionaba. Cuando llamé a reclamar al dueño que vive fuera de la ciudad, trató de venderme que el problema era del edificio, pero Todd sabía que no era así y se lo hizo saber. “Hay mucha ventilación, pueden dormir con las ventanas abiertas”. Lo que el francesito no sabía era que ese 13 de noviembre se hizo un record de calor en Miami (como preámbulo al frente frío que vendría en el fin de semana).

Mientras que nada de esto era mi culpa, Ned no tuvo misericordia y se pasó fastidiando. En esos días había comprobado que el cliché # 4 funciona (la boda como excusa) y extraños me trataban con guantes de seda cuando sabían que me casaba, pero mi hermano se quejaba porque tenía calor y estaba incómodo como si él fuera el único. De más está decir que su constante quejadera no contribuyó a mejorar mis nervios y ansiedad, yo, tan fácil para la culpa que soy.

El aire se arregló el día siguiente. Mientras que el calor no afectaría el sueño de mi querido hermano, nadie contaba que mi querido hermano afectara el sueño del resto. Sus ronquidos se adueñaban de todo el apartamento. Eran como un tren, un tsunami, era espantoso. Por supuesto, él contribuyó directamente al cliché #5: la novia no duerme nada.

Tuesday, December 9, 2008

Trial Period

De las cosas que hacemos por amor se han hecho películas, se han escrito libros y se han creado miles leyendas. En mis largos años de soltera vi como al enamorarse amigas adoptaban un súbito fervor por un equipo deportivo, hacían de los amigos del novio sus amigos y hasta alteraban su modo de hablar o comportarse.

Hasta yo misma he cambiado en ciertos aspectos. Comencé a comer carne roja nuevamente – cortes finos y bien cocidos – tras años de hacer las aves y los peces mis mayores fuentes de alimentos. Todd favorece el café con leche sobre el americano, y por ahí hemos aprendido a ser flexibles en otras áreas como aprender a manejar un bote, pasar una tarde frente al televisor, cómo sortear la ropa para el lavado y decidir los lugares a donde vamos de viaje.

Compartí mi dilema en cuanto al nombre. Cambiar mi nombre. El nombre de mi padre y el que he usado por 34 años. Mientras que para Todd es cuestión de tradición – y la mamá de él me ha preguntado lo mismo unas 10 veces ya – él aceptó mis razones para conservar mi nombre, aunque no le enloquece la idea.

El lunes después de casarnos cambié mi email y página de Feisbuk a Ramírez-Hendrix. Aún no es oficial. Cuando estaba decidida a cambiar mi licencia de conducir con ‘mi nuevo nombre’ no encontré en el mapa del sitio cómo hacerlo – ¿sería que no miré bien? – pero creo que lo haré.

Socialmente no me molesta que me digan Mrs. Hendrix, ¡qué mal me vería haciendo la aclaración si a nuestra casa llega una correspondencia dirigida de esa manera! O si alguien me llama así y yo lo corrijo. Si no contesto de inmediato, bueno... pero es la costumbre aquí. Aunque me rebelo ante una tradición machista y obsoleta la verdad es que When in Rome...

A mí tampoco me enloquece la idea, pero cuando se vive en pareja siempre se hacen concesiones. Hay quien se muda y deja su país y familia atrás, hay quien le permite a su pareja tener siempre la razón, hay quien apoya al otro en un proyecto aún cuando la idea parece, y es, descabellada. Si el unir mi nombre al suyo con un guión lo hará feliz, no es tanto el sacrificio.

Friday, December 5, 2008

Cozy


Acogedor es un adjetivo que siempre me ha gustado. Más en inglés, cozy, la palabra en sí me parece cute. El feedback de la boda ha sido muy positivo. Por supuesto, no creo que nadie me va a decir que la boda fue más o menos, que me pude hacer un mejor peinado, que hizo falta licor o que algún aspecto pudo estar mejor.

Resulta obvio que mi felicidad intervenga con la objetividad, pero quedé muy satisfecha y sentí que quienes estaban allí la pasaron bien. Creo que el amor de mi Todd y yo fue contagioso, sentí mucho cariño de los presentes, que la gente disfrutó y que love was in the air.



Aunque ya me había resignado, esa noche no resentí la presencia de desconocidos y hasta me alegró que recibieran una dosis de puertorriqueñidad y latinaje con la comida y la fiesta. El fin de semana de Acción de Gracias vi nuevamente a los invitados de mi suegra y todos parecían maravillados con la boda. De seguro han asistido a casamientos de alta alcurnia, pero tal vez nunca habían gozado tanto.

Me quiero creer los cumplidos porque, al final, la pasamos bien. Me han dicho que las flores – aunque mínimas – estuvieron bonitas, la comida rica y que se formó un buen grupito de gente.

Pero fue esa palabra, “el ambiente fue muy acogedor” la mejor descripción para mí durante una reciente conversación con una invitada. Amigos de nuestra infancia estuvieron presentes, familiares también, amigos de Miami, todos expresaron su cariño por nosotros, compartieron su conexión con nosotros y creo que eso fijó el tono de la noche. Entre el torbellino que representó para mí la fiesta – si me preguntan, duró 20 minutos – vi gente compartiendo, charlando y bailoteando. Me hizo muy feliz que los diferentes grupos se integraran, de seguro algunos amigos sienten que nos conocen mejor ahora.

Fotos: Hasta el momento solo tengo fotos de mis amigos, por eso la falta de representacion gringa.

Monday, December 1, 2008

Felicidad post nupcial

Mucho se habla de la depresión de las novias después de la boda. Después de varios meses, o años, planificando el evento, hay quien se siente vacía o como que no tiene nada que hacer. La boda ha sido el foco de atención por tanto tiempo que hay quien se siente perdida y sin causa cuando la misma queda en el pasado.

Por mi parte, siento un gran alivio. No sólo estoy ultra satisfecha con nuestra boda, sino que siento que se ha liberado un gran espacio en mi mente. La boda no era mi único tema de conversación aunque pareciera que el resto pensara que sí, por las inagotables preguntas al respecto. Me propuse estar relax con todo este asunto y creo que hice más o menos bien... hasta el último mes.

Noté que cuando comenzó la cuenta regresiva de las últimas cuatro semanas sólo pensaba en la boda. Todo lo relacionaba con la boda. Mi mente se inundaba de posibles escenarios (negativos y positivos) y posibles soluciones o reacciones. Sentía como cuando una se prepara para un examen final. Sabía que había estudiado, pero ¿y si había una pregunta de ese capítulo que se dijo que no vendría? ¿Qué si me traicionaban los nervios y fracasaba? ¿Qué haría si había estudiado el material equivocado? ¡Hace tanto años que no tomo un examen!

Me angustiaba pensando ¿y si la gente no bailaba en mi fiesta? ¿Si a la porción gringa le aburría/ ofendía la mayoría latina? ¿Qué si la comida no gustaba? ¿Y si nuestra boda no satisface las expectativas?

Al lunes siguiente de la boda, sentí que un gran peso se había levantado de mí. La planificación fue divertida, pero ya no tendría que pensar en esto, sólo miraría hacia atrás con una sonrisa en mis labios. El que el nuevo esposo diga "we had a beautiful wedding" con gran convicción ayuda. No tengo un sólo should’ve, could’ve, would’ve con nuestra ceremonia y fiesta. ¿Hubo elementos que pudieron hacer todo mejor? Por supuesto. ¿Lamento que no se hubieran hecho? Nope.

Siento que ahora puedo enfocarme en los demás. Durante el joni mun le decía a Todd “tengo que llamar a Fulanita y ver qué pasó con aquella situación”, “el cumpleaños de Sutanita se acerca” y “tenemos que planificar para tal o cual mejora en el apartamento”. Para mí es un alivio. Siento que pasé el examen y que aprobé el grado. Now moving on to the next thing!